Más allá de lo visual, el contexto también sumó carga emocional. Rodrigo de Paul, que viajó especialmente desde Miami, Estados Unidos, estuvo presente en el público junto a Alejandro Stoessel, padre de la cantante, y fue captado por los fanáticos alentando desde las primeras filas.
Durante el recital, la intérprete de Miénteme se mostró más segura que nunca, desplegando una coreografía tras otra, acompañada por una banda y cuerpo de baile de primer nivel. El show combinó pantallas gigantes, proyecciones digitales, luces envolventes y una narrativa visual que fue desde lo urbano hasta lo onírico, con guiños a su evolución personal y artística.