En lugar de contar con una institución científica nacional que actualice el inventario y fije los criterios de protección, como es actualmente el IANIGLA, cada provincia puede crear su propio organismo (con el riesgo de resultar financiado por las compañías mineras). “Los cambios que se pretenden en la Ley son una contradicción, ya que todos los glaciares cumplen una función hídrica. De hecho hoy aportan entre un 30 y un 50% al caudal de los ríos de montaña”, advirtió Juan Pablo Milana, geólogo e integrante de la recientemente conformada Asamblea por el Agua del Valle de Calingasta, en San Juan.
“No estamos en contra de la minería, sino a favor del agua”, dice Nahuel Kümmel, guía de turismo en Parques Nacionales y co-fundador de la Asamblea de Calingasta. “Es difícil mantener un discurso anti-minería en zonas como San Juan, donde gran parte de la población vive directa o indirectamente de ella. Optamos por organizar festivales de música, juegos y actividades culturales para concientizar. Si vamos con un discurso directo, terminamos hablándole siempre a los mismos”, admite.
Para los pueblos originarios, “los glaciares son, además de esenciales, parte del Pecne-Tao, expresión que en la lengua Millcayac de los Huarpes significa “Madre Tierra”, explicó Claudia Herrera, representante de esa comunidad en Mendoza. “Debemos protegerlos porque son el agua antigua, que hizo posible la vida de quienes nos precedieron, y también son el agua del futuro, que permitirá la vida de las generaciones que nos siguen”, concluyó.