Todo comenzó con la difusión de un adelanto de la entrevista que Rocío mantuvo con Sofía Calvo en el ciclo La Sesión, producido por Hispa. Allí, la artista se animó a reconstruir esos recuerdos de la infancia que la habían marcado. “Me acuerdo de que la primera vez que sucedió yo me hice la dormida. Estaba sola en la casa con esa persona. Esas escenas que yo tenía como recuerdos en mi cabeza medio difusos de ver mis manos chiquititas, con mi ropa interior. En un momento decía: ¿Será que me lo imaginé?”, expresó, habilitando un espacio de vulnerabilidad que no suele verse en los medios.
La repercusión del fragmento fue inmediata. La decisión de contar lo vivido no solo implicó una exposición personal, sino también una serie de emociones encontradas que Rocío compartió con sus seguidores. En una historia de Instagram, escribió: “Sale una charla que tuve con Sofi Calvo en Hispa. Me animé a hablar de cosas que solo hablé en terapia con mi psicóloga, Patricia, que me acompaña hace muchos años. No sé si hice bien o no... No sé si me gusta mucho verme hablar de estos temas, la exposición y los comentarios”.
En el mismo mensaje, la actriz reflexionó sobre el proceso de animarse a hablar en público sobre lo que más duele: “Pero la realidad es que nunca terminamos de estar preparadas para hablar de lo que nos lastimó tanto. Lo que sí, hoy siento que desarrollé herramientas y a ese dolor le doy batalla con mi presente”.
Horas más tarde, Rocío amplió su reflexión y compartió el efecto que su testimonio tuvo en otras personas. “Hablar de lo que me pasó trajo muchos testimonios, muchas historias que todavía no han sido contadas pero que al ver mi posteo algo se movió ahí. Y ya con eso me alcanza. Mientras haya una mujer que se sintió acompañada con mi relato, creo que ya todo tiene sentido para mí”, escribió en otra historia. “Mi música habla de eso... Temor es mi canción preferida cuando se trata de hablarle a ese trauma. ‘No te doy mi corazón’ dice al final. Y es así. Yo nunca le entregué mi corazón”.
El impacto de su relato se multiplicó en la comunidad virtual. Desde el momento en que se animó a exponer su historia, Igarzábal recibió numerosas muestras de apoyo. El jueves pasado, la actriz eligió agradecer públicamente la cantidad de mensajes y la empatía recibida: “Gracias por todos sus mensajes. El miedo se transforma en valor, en fuerza. Cuántas mujeres me están escribiendo con situaciones similares a la mía. Es muy fuerte leer los relatos”, compartió la artista, quien actualmente forma parte de la gira teatral de El divorcio.
En ese mismo mensaje, Rocío recordó la importancia de no perder el eje de la problemática y de mantener la atención en quienes no pueden contar su historia. Y escribió: “No saquemos el foco de lo importante. De las que ya no están y de todo el trabajo que queda por hacer”. La actriz cerró con una frase simple y cálida: “Nos abrazo”.
El testimonio de la actriz generó una reacción en cadena entre sus seguidoras, muchas de las cuales eligieron compartir con ella sus propias experiencias. Así lo relató la propia artista en sus mensajes, donde reconoció la potencia de sentirse acompañada y la responsabilidad de abrir el diálogo. Además, en sus redes, compartió imágenes de la marcha de Ni Una Menos en la Plaza del Congreso y destacó el mensaje de una de las manifestantes: “Lo más roto del abuso es crecer entendiendo el miedo antes que la infancia. Lxs niñxs no se tocan”.
La voz de Rocío Igarzábal, lejos de buscar un cierre o una respuesta definitiva, se transformó en un punto de apoyo para quienes atraviesan historias similares. Su relato, construido desde la honestidad y el presente, se suma a la lucha colectiva por la visibilización y la reparación.