El detrás de escena de semejante despliegue papal también terminó atravesado por la interna más conocida de La Libertad Avanza: la de Karina Milei y Santiago Caputo. “El Jefe” decidió ponerse al frente del operativo y ubicó en el centro de la organización a Mara Gorini, una colaboradora de su máxima confianza que, aunque no tiene una designación formal en el Boletín Oficial sino apenas un contrato de locación, funciona como su voz y sus ojos en todas las reuniones de relevancia.
En el Ejecutivo aseguran hacia afuera que todos empujan hacia el mismo lado. En el más estricto off, en cambio, reconocen que la llegada de la hermana presidencial ordenó una coordinación que venía mucho más trabada. “Desde que se metió Karina todo se aceitó. Hasta último momento se notó la tensión porque Cancillería no habilitaba detalles técnicos y trababa la fluidez necesaria”, describen en la Iglesia. La frase tiene traducción política: el Ministerio de Relaciones Exteriores está comandado por Pablo Quirno, uno de los ministros que en el ecosistema libertario mantiene un vínculo político directo con “El Mago del Kremlin”. Ninguno de los sectores, al menos en un inicio, quería cederle protagonismo al otro. Después, todo empezó a aceitarse. En el episcopado destacan especialmente el desempeño de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y del secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández. “Son ecuménicos, no se meten en peleas sin sentido y nos ayudan a resolver muchos desafíos”, elogian.
Con la confirmación del viaje del Papa y sus primerísimos detalles empezaron también los encuentros organizativos interjurisdiccionales. De una de esas reuniones salió una postal que sorprendió hasta a sus protagonistas: Karina Milei y Carlos Bianco, ministro de Gobierno de Axel Kicillof y uno de los hombres más enfrentados dialécticamente con la administración nacional, sentados en la misma mesa junto a enviados de Jorge Macri y Martín Llaryora. “Si León nos deja esa imagen, ya ganamos”, celebraron desde la delegación técnica del Vaticano, encabezada por monseñor José Nahúm Jairo Salas Castañeda, coordinador de Viajes Apostólicos.
El itinerario definitivo todavía necesita la aprobación final de la Santa Sede y deberá ser comunicado oficialmente durante septiembre junto con el lema y la identidad visual de la visita. Pero el borrador sobre el que trabajan las autoridades, como adelantó Infobae, ya permite reconstruir casi minuto a minuto lo que puede pasar entre el domingo 8 y el miércoles 11 de noviembre.
La primera jornada estará dominada por la institucionalidad. Después del aterrizaje, León XIV irá a la Plaza San Martín para colocar una ofrenda floral ante el monumento al Libertador. De allí se trasladará a la Casa Rosada para encontrarse con Javier Milei, en un mano a mano que será la demostración empírica de que el vínculo con la Iglesia cambió radicalmente desde los tiempos en que el entonces candidato libertario insultaba a Francisco. Luego, llegará uno de los eventos con mayor concentración de rosca: el del Palacio Libertad; la Nunciatura y el Gobierno preparan ahí un mitin con autoridades federales, el cuerpo diplomático, gobernadores, legisladores, jueces, empresarios y sindicalistas que intentarán acercarse al metro cuadrado donde esté el sucesor de Pedro.
En ese listado se esconde un inconveniente institucional que genera perplejidad en Roma. “El Gobierno va a tener un quilombo con la invitación a Victoria Villarruel: afuera no les entra en la cabeza que estén peleados”, advierten. Para una estructura milenaria, vertical y especialmente respetuosa de las jerarquías formales, resulta difícil asimilar que el Presidente y su vice lleven meses sin vínculo político y que cada actividad en la que ambos coincidan obligue a estudiar posibles ubicaciones y hasta distancias físicas.
Si el domingo será el día de las instituciones, el lunes tendrá mucha más carga social. León XIV empezará temprano en el Pequeño Cottolengo Don Orione del municipio bonaerense de Almirante Brown, una institución de bien público que atiende de manera integral a alrededor de 400 personas con discapacidad. Los enviados del Vaticano ya caminaron sus cincuenta hectáreas y observaron los hogares, la escuela especial, el centro médico y los espacios en los que el Papa podría tomar contacto con residentes y trabajadores.
No hace falta escribir un discurso opositor para comprender la potencia de esa instantánea, teniendo en cuenta que la discapacidad se convirtió en uno de los asuntos conflictivos más intensos del gobierno de Milei: el escándalo ANDIS, reclamos de prestadores, auditorías sobre pensiones, marchas, cruces judiciales y la disputa interminable por la emergencia sancionada en el Congreso y vetada por el Ejecutivo.
De Claypole, la comitiva volverá a la Ciudad para la primera gran misa porteña en el Monumento a los Españoles, con recorrido en papamóvil incluido. Durante la tarde de esa jornada está previsto un “encuentro con el mundo del trabajo” en la Universidad Católica Argentina; allí, muchos de los que no conseguirán una audiencia privada tendrán su mejor oportunidad para ver al líder cristiano de cerca. La CGT está decidida a aprovecharla: Gerardo Martínez, jefe de la UOCRA y secretario de Relaciones Internacionales de la central obrera, y Cristian Jerónimo, cotitular cegetista y dirigente del gremio del vidrio, están en estas horas en Roma junto a representantes empresarios y de movimientos sociales para participar del IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti y pretenden pedirle en persona una audiencia cuando viaje a Buenos Aires.
La Santa Sede incluso analizó una invitación de la UTEP y de organizaciones de cartoneros para participar de una suerte de asamblea popular. La idea quedó prácticamente descartada porque podía ser leída como una fotografía demasiado sectorial y politizada. León XIV, juran, no quiere profundizar la grieta argentina.
“Hay 99% de chances de que no haya reuniones individuales con dirigentes”, revela una fuente eclesial que conoce los pormenores de la agenda final. Esa misma persona adelanta un punto delicado: sí puede haber una reunión “con víctimas de abuso”. Ya lo hizo durante otros destinos.
Y si de asuntos ríspidos se trata, ¿puede haber una referencia directa de León a la actualidad económica argentina? El misterio alrededor de sus palabras es total, pero el Papa fue informado de los reclamos que viene respaldando la Iglesia. Un ejemplo: Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, reclamó no observar la morosidad de las familias con superficialidad y pidió buscar respuestas para los hogares que quedaron atrapados en deudas cada vez más difíciles de cancelar. El comentario, como era de esperar, irritó a dirigentes libertarios que rechazan una intervención del Estado para resolver créditos privados. Es el mismo tipo de urticaria que despertaron las homilías virales del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, durante celebraciones patrias como la del 25 de mayo o el 9 de julio.
A Colombo el vínculo con Milei también le deja un gusto amargo. A pesar de conducir el Episcopado desde noviembre de 2024 y de ser uno de los interlocutores fundamentales de toda la organización papal, todavía no consiguió que el mandatario lo reciba personalmente. “El Presidente es un tipo que no se reúne con mucha gente. Lo entendemos. Pero incomoda. No cuesta nada tomarse un café”, cuestionan.
El martes 10 de noviembre el avión papal volará a Córdoba. En la provincia serrana lo espera Martín Llaryora, que aprovechó desde el primer momento la oportunidad para involucrarse en la organización. Lo mismo hizo el cardenal Ángel Rossi, un arzobispo que mantiene en alerta a las antenas violetas ya que en el pasado dijo que favorecer a sectores opulentos mientras se restringe la asistencia a discapacitados, jubilados, enfermos y vulnerables representa un “sadismo de Estado”.
La jornada cordobesa incluirá una misa multitudinaria y un encuentro con religiosos, sacerdotes y seminaristas. En la Casa Rosada descuentan que habrá fotos de cordialidad institucional y ruegan para que nadie intente transformarlas en material de campaña.
El miércoles será el cierre y quizás la jornada de mayor contenido simbólico. El primer destino previsto es una cárcel de CABA. No sorprende: León viene hablando de las personas privadas de su libertad como seres humanos que no pueden quedar reducidos al delito que cometieron. Después será el turno de Luján, la escala final y probablemente la concentración más grande del viaje. Axel Kicillof adelantó un largo vuelo a China para no perderse el evento. Su gobierno viene trabajando con Colombo y con el arzobispo Jorge Scheinig tanto para la visita al Cottolengo como para la misa en la Basílica y puso parte de la estructura bonaerense a disposición. No tiene prevista una audiencia privada, pero nadie duda de que conseguirá una de las fotografías políticamente más codiciadas del viaje.
Para cuando se llegue a esa instancia del periplo papal estará en su punto máximo también el gran desafío logístico para las autoridades nacionales: conseguir que todo funcione. El Ministerio de Seguridad ya constituyó comandos unificados especiales para coordinar el despliegue interfuerzas en las jurisdicciones involucradas. La SIDE también se metió de lleno en modo León: su titular, Cristian Auguadra, le confirmó a la Bicameral de Inteligencia del Congreso un incremento de los gastos reservados que la oposición calculó en unos $12.000 millones durante el año.
No existen, de acuerdo con lo expuesto por el propio organismo, amenazas terroristas específicas detectadas en la Argentina vinculadas con el viaje. Pero la combinación de un líder mundial, una comitiva internacional, millones de personas en las calles y múltiples escenarios abiertos exige un dispositivo que ya trabaja sobre hipótesis de máxima complejidad. “La seguridad es como la del G20”, grafica uno de los responsables del operativo. En Casa Rosada estiman que cada día de actividad de León XIV puede demandar entre siete y diez millones de dólares sin contar los costos ordinarios que insumirán las fuerzas federales; habrá traslados, estructuras, atención sanitaria, pantallas, sonido, baños, corredores de evacuación, puestos de hidratación y una infraestructura capaz de absorber multitudes en lugares diferentes con pocas horas de diferencia.
La Iglesia, por su parte, aporta una pequeña fuerza propia: en este final de la semana ya había más de 7200 personas anotadas para trabajar ad honorem como voluntarios durante la visita y la inscripción sigue abierta.
Es por esa acumulación de desafíos que una posibilidad que nació casi como comentario informal empezó a escalar en las conversaciones oficiales: que el Gobierno termine decretando un asueto administrativo o incluso un feriado durante una o varias de las jornadas papales. “Algo van a tener que hacer, si no es imposible”, dicen sin rodeos en la Iglesia. Después de cuatro décadas de espera, Javier Milei quizás no tenga demasiadas alternativas.
Hasta entonces, Karina Milei, Gorini, Quirno, Monteoliva, Fernández, los gobiernos de Macri, Kicillof y Llaryora, la Conferencia Episcopal y la todopoderosa Secretaría de Estado del Vaticano seguirán reuniéndose para intentar que nada quede librado al azar. Todos esos actores son conscientes de que hay una sola variable que el poder político de turno no podrá poner en ninguna planilla: lo que León XIV decida decir cuando tenga el micrófono encendido frente a millones de personas.
“Tenemos toda la fe del mundo en que va a estar todo bien”, había dicho el funcionario libertario que más se involucró con el viaje apostólico del sumo pontífice. La fe, esta vez, va a tener que alcanzar.