Dentro del Ejecutivo reconocen además una fuerte cautela alrededor de la responsabilidad de los funcionarios que deben aprobar la operatoria. “El problema con el FGS es que nadie quiere firmar nada”, expresan en Nación. En el Gobierno vinculan esa prevención con los antecedentes de judicialización que atravesaron decisiones sobre la administración de los activos previsionales en distintas gestiones.
Durante el kirchnerismo hubo casos vinculados directamente con el manejo del fondo. En 2009, una denuncia por operaciones con Préstamos Garantizados derivó en una investigación que alcanzó a Amado Boudou, Diego Bossio y Sergio Chodos. En 2017, además, Elisa Carrió, Fernando Sánchez y Fernanda Reyes denunciaron a integrantes del Comité Ejecutivo que administró el FGS entre 2010 y 2015, entre ellos Bossio, Axel Kicillof, Hernán Lorenzino y Emmanuel Álvarez Agis, por presunta administración fraudulenta.
La exposición judicial no quedó restringida a una sola administración. También durante el gobierno de Mauricio Macri se presentaron denuncias contra integrantes de la conducción de ANSES y del Comité Ejecutivo por operaciones realizadas con activos del FGS. Esos antecedentes no implican que las decisiones investigadas hayan sido finalmente consideradas ilegales, pero refuerzan dentro del Ejecutivo la necesidad de respaldar una eventual nueva operatoria con fundamentos técnicos, financieros y jurídicos precisos.
Por ahora, el proyecto queda bajo revisión y sin una fecha prevista de implementación. En el Gobierno remarcan que el mecanismo no aparece prohibido por la legislación vigente, pero todavía resta definir cuánto dinero se utilizaría, durante cuánto tiempo, a qué tasas y mediante qué procedimiento. El objetivo es encontrar una fórmula que genere fondeo de largo plazo para ampliar los créditos hipotecarios sin comprometer la rentabilidad del FGS ni exponer la operatoria a futuros cuestionamientos.