Virginia: ¡Sí, mucho, estoy re asustada! Todo lo que veo hace que tenga más ganas de quedarme por un lado y de alejarme por el otro. Hace una semana que me postulé y de repente para algunos ya soy una ñoqui, “¡no querés trabajar para vivir del Estado!”, escuchás esas cosas. Siento que es el momento óptimo porque tengo como la posibilidad de unir estas dos Virginias, la de veinte años en Corrientes y la de veinte años en Buenos Aires. Y para mí es como una alegría, es un honor volver a representar a mi pueblo, volver a mi casa, ir a encontrarme con mi gente.
Mariano: —Bueno, vos sos muy idealista y estás entrando a un mundo muy hostil. Vos vivís la política de hacer para el otro y no la de la rosca.
Virginia: —Claro, no vengo a discutir ni a pelear con un otro. Esto de enfrentarnos, que el presidente no puede ir a un barrio, o de que estás de un bando o estás del otro...
Mariano: —Es que así es la política, Virginia.
Virginia: —Pero está mal. La agresión, la violencia, la falta de respeto.
Mariano: —¿Y no te da miedo en lo que te puede transformar la política?
Virginia: —No, porque siempre sobreviví trabajando, respetando a mis compañeros. Y en la política pretendo ser igual. Mi idea es consensuar, hablar... Muchos dicen: “Te quieren porque sos un termo que levante la mano”. Y no, no es mi caso...
Mariano: —¿Lo hiciste saber eso?
Virginia: —Sí, obvio. Y lo hago saber públicamente. No estoy en el rol de ‘soy política’. Voy a seguir siendo yo porque creo que es lo que me ha traído hasta acá. Muchos me dicen “las buenas intenciones solas no bastan”.
Mariano: —¿Te lo dicen así todo el tiempo?
Virginia: —Todo el mundo. Y yo digo: “pero entonces, ¿qué hacemos? ¿entregamos el país? No sé si voy a ser yo la solución. Pero hay que involucrarse. Y trataré de rodearme de gente buena y honesta que me acompañe.
Mariano: —Y hay que recordar cómo lo conociste a Javier Milei, de los días de Polémica en el Bar, ¿no?
Virginia: —Claro, un día llegó a Polémica... y a mí me fascinaba lo que él decía de economía, de lo social. Y un día dije “yo necesito que este hombre sea mi maestro...” Y me acerqué a él para unas clases de economía.
Mariano: —¿Dónde ibas?
Virginia: —A su oficina, me veía todo el mundo. Había una computadora, un pizarrón, unas tazas sobre Milton Friedman. El día que él gana como presidente yo subí las fotos de mis apuntes, tengo libros, tengo todo.
Mariano: —¿Cuántas horas de clase tomabas por día?
Virginia: —Tres horas, ponele.
Mariano: —¿Es buen profesor Milei?
Virginia: —Para mí es clarísimo. Es que yo creo que no lo quieren oír. Está el que escucha y el que no quiere oír. Está haciendo algo magistral. El me decía algo técnico y yo le decía: “Esto no se entiende, bajalo”. Y después sí, yo decía: “Si yo lo entiendo, lo puede entender cualquiera”. Yo me embandero con un partido político que encabeza Javier Milei. Confío en él, creo en él, sé de sus buenas intenciones, pero a la vez conozco, hablo con la gente y veo que las necesidades existen. No estamos en un país perfecto. Entonces, jamás lo que yo pueda opinar va en contra de la gente.
Mariano: —Escuchá, ¿te fueron a buscar?
Virginia: —Me fueron a buscar.
Mariano: —¿Te llamó Javier directamente?
Virginia: —No, no tengo ese ida y vuelta tampoco con Javier.
Mariano: —Y tus dichos sobre Lilita Carrió fueron como un quiebre, ¿no?
Virginia: —Eso fue totalmente malinterpretado por la gente. Me ponen: “Vos querías vivir del Estado y cobrar los diez palos” y al otro día lo tenía a José Mayans contestándome desde el Senado. Estoy lidiando con eso. Es como tener que salir a explicar lo inexplicable; ni siquiera fue en contra de Lilita.
Mariano: —¿Qué pregunta sin respuesta -a tu padre, madre, novio, quien vos quieras- te gustaría hacer? Vas a poder bajar a una persona dos horas...
Virginia: —¡Te lo bajo a Richard (por Ricardo Fort). ¡El desastre que haría hoy Ricardo con la tecnología que hay! ¿No sería hermoso? Y la televisión lo agradecería mucho. Siempre pienso lo mismo: fue un pionero, un visionario.
Mariano: —¿Tienen cosas parecidas Ricardo y Javier?
Virginia: —¡Sííí, todo! Los locos que me gustan a mí: los raros, los distintos.
Mariano: —Cosas de visionario...
Virginia: —¡La visionaria soy yo, mi amor, que los vi a los dos antes de que sean lo que fueron!, ¿o no? (se ríe) Yo a Ricardo lo conocí mucho antes que lo que ustedes pudieron ver.
Mariano: —Me dejás una pregunta picando: ¿te gusta...?
Virginia: —¿Quién?
Mariano: —El presi... Me vuelvo loco si aparece Virginia Gallardo y Milei. ¡Sabés cómo te veo en la Rosada...!
Virginia: —No, a mí me gustan esas personalidades que van al frente, que no escuchan las críticas. En eso siento que me atraen... Tienen que ver conmigo, creo. Son dos personajes diferentes que han logrado un montón en poco tiempo. Y yo, por lo pronto, creo ser un granito de arena que puede sumar.