El transporte público vuelve a encabezar la lista de incrementos. Tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la provincia, las tarifas de colectivos se actualizan siguiendo un mecanismo que combina la inflación oficial con un adicional fijo. En suelo bonaerense, el boleto mínimo con tarjeta SUBE registrada supera los $873, mientras que los recorridos más largos ya atraviesan la barrera de los $1.100. Para quienes no tengan la SUBE nominalizada, el costo es considerablemente mayor, lo que refuerza la brecha entre usuarios registrados y no registrados.
En CABA, los valores también escalan según la distancia recorrida, con tarifas mínimas que parten desde los $715 y aumentan progresivamente. La consecuencia directa es un mayor peso del transporte en los gastos fijos, especialmente en hogares que dependen a diario del sistema público.
Alquileres: hasta 33,3% según el tipo de contrato
El mercado de alquileres sigue fragmentado. Los contratos firmados bajo la ley anterior mantienen ajustes anuales regidos por el Índice de Contratos de Locación, que en abril marca un incremento del 33,3%. En cambio, los acuerdos celebrados bajo el esquema más reciente, atados a la fórmula Casa Propia, registran un ajuste cercano al 47,6%.
Aunque ambos porcentajes son elevados, el contexto inflacionario hace que muchos inquilinos los perciban como “subas esperadas”. Sin embargo, el impacto sigue siendo fuerte: la vivienda continúa siendo uno de los rubros que mayor proporción del ingreso se lleva mes a mes.
Las tarifas de electricidad y agua también incorporan cambios durante abril. En el caso de la luz, el impacto varía según el nivel de consumo y el esquema de subsidios, con cargos fijos que muestran aumentos para los hogares de mayores ingresos. El servicio de agua suma un nuevo tramo de actualización que completa el esquema previsto para el primer cuatrimestre del año.
Un escenario que trasciende el calendario
Más allá de abril, estos movimientos anticipan una dinámica que probablemente se mantenga durante los próximos meses: ajustes frecuentes, de menor magnitud individual, pero con fuerte efecto acumulativo. En un contexto donde la inflación muestra señales de desaceleración, los aumentos programados siguen funcionando como un recordatorio constante de que el costo de vida continúa en transformación.