Al mismo tiempo destacó el impacto que tenía la compra estatal sobre el sector: “Se hacían libros para escuelas, para bibliotecas. El Estado repartía libros en distintas organizaciones. Eso era una compra bastante importante y era un oxígeno importante para la industria editorial. Aparte, se insistía mucho con la bibliodiversidad, entonces compraban a pymes, a grandes, a chicos, era muy sano la forma en que se hacía. Y bueno, eso ha caído a cero”.
La menor expectativa de venta afecta a las pymes, a las grandes empresas y también a los trabajadores del sector. Ramos fue contundente: “El empleo en el sector está también complicado. Le decía ayer a un editor en la Feria del Libro, porque están pasando ahora las jornadas profesionales, que mi presupuesto era la idea de no tener que despedir a nadie. El intento es no despedir a nadie. Es complicado para las librerías, para los editoriales chicas, para las grandes incluso también que despiden gente. Está cayendo también el empleo”.