La tradición también le atribuye relatos de asistencia providencial, como la multiplicación de comida durante una jornada de ejercicios espirituales, cuando los alimentos no alcanzaban y, según la historia, terminaron llegando para todos. Allí aparece una frase que resume su fe:“Dios proveerá”.
Así, la figura de San Cayetano unió una visión mística nacida en Roma, la obra de Mama Antula en Buenos Aires y una devoción popular que sigue viva. Cada imagen del santo con el Niño Jesús en brazos recuerda su origen espiritual; cada espiga de trigo, en cambio, habla de una esperanza muy argentina: que nunca falten el pan, el trabajo y la fe.